Hoy, con profundo pesar, honramos la vida y el legado del Dr. Víctor Jorge Saca Tueme (1941–2025), fundador y presidente del Grupo VIJOSA, Segundo Vicepresidente de la Asociación Salvadoreña de Industriales (ASI), visionario, líder ejemplar, humanista y referente indiscutible de la industria farmacéutica nacional e internacional.

Nacido en Chalatenango, el Dr. Saca fue doctor en Química y Farmacia por la Universidad de El Salvador. Convencido de que el conocimiento puesto al servicio de la sociedad transforma realidades, en 1971 fundó Laboratorios VIJOSA, en la colonia La Rábida de San Salvador, dando inicio a un proyecto empresarial que marcaría un antes y un después en la industria farmacéutica salvadoreña.![]()

Desde sus primeros años, VIJOSA apostó por la calidad, la innovación y una visión regional. En 1974, inició la exportación de jarabes e inyectables hacia Nicaragua, abriendo el camino a una expansión sostenida que permitió que los productos salvadoreños llegaran a diversos países de la región. Desde entonces, la vocación exportadora no se ha detenido, consolidando a VIJOSA como un referente industrial y como símbolo de la capacidad productiva de El Salvador.
Durante más de cinco décadas, el Dr. Saca no solo construyó empresas: construyó futuro. Con una visión clara, una ética inquebrantable y una profunda vocación por la salud, la excelencia y la calidad, elevó la industria farmacéutica nacional a estándares internacionales, demostrando que la ciencia, la innovación y la ética pueden y deben ir de la mano.

Creyó en la excelencia como un deber, en la ética como principio y en el servicio como propósito. Fue un líder adelantado a su tiempo, convencido de que el desarrollo de un país se edifica con conocimiento, trabajo honesto, responsabilidad social y visión de largo plazo. Un verdadero hijo de la patria, que trabajó incansablemente por El Salvador, por su gente, por la industria y por el fortalecimiento del sector salud.

Desde su rol como fundador y presidente del Grupo VIJOSA y como Segundo Vicepresidente de la ASI, así como desde su participación activa en juntas directivas y espacios de decisión clave, dejó una huella profunda basada en la integridad, el rigor profesional y una visión estratégica sostenida. Su liderazgo trascendió lo empresarial. Como Cónsul General Honorario de la República de Polonia en El Salvador, desempeñó su cargo con el mismo sentido de responsabilidad, respeto institucional y vocación de servicio que caracterizó toda su trayectoria.

Más allá de sus logros profesionales, quienes tuvieron el privilegio de conocerlo saben que su nombre inspiraba respeto, confianza y credibilidad. Su mayor grandeza fue su calidad humana: humilde, generoso, honrado y correcto; un hombre de palabra, profundamente respetuoso, con un sentido del humor que generaba cercanía y sonrisas. Ayudó a innumerables personas sin buscar reconocimiento, muchas veces en silencio, muchas veces sin siquiera conocer a quien ayudaba.

Para sus colaboradores fue más que un líder: fue un mentor, un guía y un ejemplo. Para su familia, fue la columna vertebral: un esposo amoroso, un padre y abuelo entrañable, en quienes dejó sembrados valores, amor y una luz que los acompañará siempre.
Hoy, su partida deja un vacío profundo. Pero su vida deja una huella imborrable. Su legado no se mide únicamente en lo que construyó, sino en las vidas que tocó, en los valores que sembró y en el ejemplo que seguirá guiando a generaciones. Vivió para servir, lideró con visión y humildad, ayudó sin ruido, dio sin esperar y sirvió sin buscar reconocimiento.

El Salvador pierde a un hombre excepcional y una mente privilegiada, pero gana un legado que seguirá construyendo país.
Expresamos nuestro más sentido pésame a su familia, amigos, colaboradores y a todo el sector industrial que hoy acompaña este duelo.
Su ejemplo, su obra y su humanidad permanecerán vivos en la historia de la industria salvadoreña.

